Constancia

Constancia

Déjame ir al grano: ¿te cuesta ser constante?

¿Tienes metas o proyectos que te gustaría lograr pero te das mil excusas para no ponerte con ello, o tiras la toalla a la mínima de cambio?

¿Sientes que ya lo has intentado todo pero que por mucho que tus objetivos sean SMART o que te digas frases positivas, siempre acabas en el mismo punto?

Vale, no más preguntas señoría 😉

Me ha quedado claro que tienes un problema de falta de constancia.

Y seguro que tú también, no sólo lo sabes, sino que lo tienes más que asumido.

Es más, estoy segura de que sabes perfectamente cómo eso te hace sentir.

Lo sé.

Es muy frustrante.

La leche de frustrante (por decirlo de forma suave).

Yo pasé por la misma situación hace unos años y sé la impotencia que se siente cuando ves que estás estancado.

Está genial tener metas y objetivos porque eso quiere decir que eres una persona con inquietudes y aspiraciones en la vida.

El problema está cuando ves que va pasando el tiempo y sigues estando en el mismo punto.

Cuando ves que lo que le sirve al resto a ti no te funciona y te empiezas a sentir como un bicho raro.

Como que lo tuyo no tiene solución.

O cuando eres consciente que tu falta de constancia merma tus ganas de hacer cosas porque empiezas a no verte capaz.

Y las dudas te surgen por todas partes.

¿Lo conseguiré?

¿Seré capaz esta vez?

Ay madre, ¿y si vuelvo a tirar la toalla como siempre?

No creas que me lo estoy inventando.

Este es el tipo de comentarios que me escriben la mayoría de personas cuando se suscriben a Aprendízate.

testimonio-ana-falta-de-constancia

Lejos de querer meter el dedo en la llaga, quiero que entiendas que si te he puesto estos ejemplos, es para:

1) Que veas que no estás sólo y que no eres la única persona en el mundo que se siente así. Vamos, que lo tuyo no es tan raro como tú crees.

2) Que te vayas preparando un té o sirviéndote un vinito o cervecita y te pongas cómodo porque…

¡Tengo muy buenas noticias! 🙂

Te he preparado un articulazo (sí, sí, articulazo) la mar de práctico y realista que te va a cambiar la mentalidad y ayudarte a convertirte en una persona más constante y motivada para lograr tus metas.

(Que sí, que sí, que aunque pienses que tu caso es distinto, o que lo tuyo no tiene solución, éste artículo es para ti).

Así que vamos allá.

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Qué NO es la constancia

Para transformarte en la persona motivada, constante y decidida que te gustaría ser, lo primero que hay que hacer es empezar por el principio: definiendo qué es la constancia.

O mejor dicho, qué no lo es (y así de paso nos vamos quitando mitos de en medio 😉

¿Qué es para ti la constancia?

¿Cómo sabrías que eres una persona constante?

¿Te lo has planteado alguna vez?

Te lo pregunto porque la mayoría de las personas que se suscriben a Aprendízate me comentan lo mismo:

Patri, no SOY una persona constante,

como si eso fuera un rasgo de su identidad. Ya sabes, el típico: ‘es que yo soy así’.

Pero, y pon atención a este punto, la constancia (o la falta de ella), no es algo que ERES.

Entonces, ¿qué es la constancia?

La constancia (o la falta de constancia) es algo que HACES.

Es un proceso mental que haces en tu cabeza, el resultado de las decisiones que tomas.

Entiendo que llegados a este punto me podrías decir:

pero Patri, yo no decido autosabotearme o tirar la toalla. No decido desmotivarme. De hecho, precisamente por eso me siento mal.

¡Por supuesto!

Claro que no lo decides… de forma consciente.

Pero sí lo haces de forma inconsciente, es decir, sin que te des cuenta.

Y es que la mayoría de las decisiones que tomas son inconscientes.

Tú piensas que ese proceso no está pasando en tu mente. Pero sí lo hace.

Una cosa es que algo no suceda y otra muy distinta es que esté pasando sin que te des cuenta.

Como no quiero que me creas sino que lo entiendas, déjame que te lo aclare con un ejemplo porque este punto es vital para que cambies el chip sobre tu falta de constancia.

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Ejemplo práctico de falta de constancia

Imagina que tu objetivo es dedicarle un par de horas al proyecto que quieres lanzar y te has propuesto escribir, mínimo, 5 páginas.

Enciendes el ordenador. Abres el Word y te dispones a escribir.

Tendrías que empezar a escribir y sentir cómo tus dedos empiezan a teclear las primeras líneas de las 5 hojas que te has propuesto.

Pero estás en blanco. No se te ocurre nada, sientes cero inspiración.

Así que abres el Facebook, a ver si con suerte esos diez minutillos de distracción te sirven para inspirarte.

Cierras el Facebook.

Vuelves al Word.

Y la página en blanco sigue ahí, con el cursor parpadeando, esperando a que te inspires.

Nada. Ni una palabra.

El objetivo que te habías propuesto y que antes te parecía posible, ahora ya no lo parece tanto.

Te empiezas a frustrar.

Vas a la cocina a por un vaso de agua.

Vuelves.

Lo mismo. Nada de nada.

Notas como esa frustración va creciendo dentro de ti.

Encima te das cuenta de que han pasado dos horas y no has hecho nada.

De repente te empiezan a entrar las dudas sobre ti y tu capacidad para poner en marcha tu proyecto.

¿Y si no sirvo?

¿Y si esto no es lo mío?

¿Y si a los demás no les gusta y estoy perdiendo el tiempo?

Ahora la frustración ha dado paso a una desmotivación total.

Si total… ¿para qué ponerme si lo mismo no soy capaz?

Y en ese momento, en vista de que ya total has perdido la tarde y del estado emocional en el que estás, decides mirar el Facebook, que no te aporta nada pero por lo menos no te hace sentir tan mal.

De perdidos al río.

¿Conclusión?

Déjame decirte que llegados a este punto, caben, como poco, dos conclusiones: una más útil y constructiva y otra muy poco útil (y bastante corta rollos para tu autoestima):

  • La poco útil: a quién quiero engañar… no soy constante, no tengo fuerza de voluntad. Si no soy capaz de escribir 5 hojas, ¿cómo voy a pretender lanzar mi propio proyecto?
  • La útil: bueno… parece que esta no era mi tarde. Mañana puedo probar a irme a la biblioteca. O a lo mejor el problema ha sido que no tenía un esquema claro y por eso me he dispersado. Creo que es cosa de práctica y de coger el hábito. 

El ejemplo práctico visto desde la PNL

Algo que todavía no te he dicho es que ese proceso mental es el resultado de la relación entre tus pensamientos, tus emociones y las acciones que acabas realizando.

Me explico: ese proceso mental, o como a mí me gusta llamarlo, la película que te montas en tu cabeza, es la consecuencia de cómo te hacen sentir tus propios pensamientos y de cómo lo que sientes afecta a su vez a tus pensamientos.

  • Tu pensamientos afectan a tus emociones.
  • Tus emociones afectan a tus pensamientos.

Esta relación acaba provocando que hagas A (seguir delante del Word) o que hagas B (mirar Facebook).

Pnl esquema

Esta relación entre pensamientos, emociones y acciones es precisamente lo que analiza la Programación Neurolingüística (PNL).

Pero para que no todo sea palabrería, voy a ponerte en un gráfico el ejemplo de antes y a relacionarlo con el proceso mental que ha sucedido.

proceso-de-escribir-5-hojas

Como ves en la imagen, cada pensamiento ha ido generando una sensación, que a su vez ha provocado una acción, la cual nuevamente ha generado otro pensamiento, que ha provocado una sensación, y así sucesivamente.

Esto no tiene porqué suceder siempre en este orden ni ocurre de forma lineal. Cada pensamiento, sensación y acción afecta a todo lo demás.

Es un proceso mental, una cadena que acaba afectando no sólo a los resultados que obtienes, sino al significado que le das tanto a las cosas como a ti mismo.

¿Te habías dado cuenta de que pasa así?

¿Lo ves más claro?

Por eso es tan importante que cuides tus pensamientos y lo que te dices a ti mismo.

Porque todo ello acaba repercutiendo en cómo te sientes y en si lo que acabas haciendo te aleja o te acerca a tu meta.

Ahora que ya sabes que tu falta de constancia no es algo que eres sino que haces (en tu cabeza), voy a darte desde aquí y hasta el final del post un montón de claves prácticas y realistas para que tus procesos mentales sean mucho más constructivos y te faciliten ser constante.

¿Te parece?

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3 claves para entender cómo funciona la constancia

1. Tu cerebro funciona por acercamiento al placer y por alejamiento del dolor

El 99% por ciento de las personas que no son constantes creen que su cerebro les sabotea, juega en su contra.

Pues bien, déjame decirte que ni tu cerebro juega en tu contra, ni es tu enemigo.

Todo lo contrario.

Tu cerebro siempre quiere lo mejor para ti.

Está diseñado para cumplir su principal función: que sobrevivas. 

Para hacer esto utiliza dos mecanismos:

  • Acercamiento al placer: te mueve hacia todo aquello que te es agradable, te gusta, te hace sentir bien.
  • Alejamiento del dolor: te aleja de todo aquello que puede suponer una amenaza, pasarlo mal o resultar doloroso.

Si te sientas delante del ordenador para escribir las 5 hojas que te habías propuesto pero ves que pasa el tiempo y aún no has escrito nada, seguramente te empieces a frustrar (dolor).

En ese momento, ¿qué crees que hará tu cerebro? Escoger entre la opción menos dolorosa o frustrante: ver el Facebook, por ejemplo.

Si piensas que dejar de fumar va a ser muy difícil (dolor), tu cerebro qué elegirá: la opción más placentera o menos dolorosa, que será seguir fumando.

A lo mejor dices: vale Patri, pero eso no tiene sentido porque si mi cerebro quiere lo mejor para mí, entonces no me darían ganas de fumar porque fumar es malo.

Sí, pero tu cerebro no entiende si fumar es bueno o malo.

Tu cerebro entiende cómo te hace sentir algo.

Si dejar de fumar te genera estrés o te provoca ansiedad con sólo pensarlo, tu cerebro identificará eso como algo doloroso, como una amenaza. Y por tanto, elegirá la opción que te aleje de esa amenaza o dolor.

No es casual que el cerebro funcione así.

Tiene un sentido evolutivo. Si no fuera así, hace tiempo que nos hubiéramos extinguido.

Piensa sino en el hombre prehistórico. ¿Qué habría pasado si su instinto no le hubiera prevenido sobre los posibles peligros y amenazas?

Te lo dejo aquí para que reflexiones 🙂

2. El significado que le das a las cosas

Uno de los aspectos qué más nos cuesta entender a las personas es que hechos y significados, son dos cosas distintas.

No ir al gimnasio es un hecho: no ir al gimnasio.

Ahora bien, tú a eso le das un significado: soy lo peor, no tengo fuerza de voluntad, soy demasiado débil, etc.

Y como ya te he explicado antes, esos pensamientos generan unos estados emocionales que a su vez generan nuevos pensamientos, que a su vez generan nuevas emociones.

Y así sucesivamente porque es un sistema, una espiral donde cada parte afecta e influye en las demás.

Un hecho es la descripción objetiva de lo que ha pasado.

El significado es la etiqueta que le pones a ese hecho, y lo que hace que te sientas fatal o súper motivado.

Ese significado está condicionado por tus creencias, y también por las experiencias que has tenido en tu vida.

¡Pero ojo! Aquí hay truco (o trampa, depende de cómo lo veas), porque si piensas que eres un fracasado, seguramente estarás recordando aquellas experiencias donde también te sentiste así. 

Y no sólo eso, sino que estarás eliminando y pasando por alto aquellas veces donde sí conseguiste tus metas.

Por eso es tan importante diferenciar entre hechos y significado, para no dejarte llevar por generalizaciones y eliminaciones de información que te pueden hacer sentir mucho peor.

3. Cuando entiendes cómo haces las cosas en tu cabeza, es más fácil cambiar

Ten en cuenta que es imposible cambiar aquello que no puedes ver (esta frase de Richard Bandler, el creador de la PNL, ya me gustaría que fuera mía, hehe).

Cuánto más consciente seas de cómo relacionas tus pensamientos, con tus emociones y acciones, más fácil te resultará darte cuenta de cómo haces para sentirte motivado o no, y podrás corregir o ajustar con más precisión aquello que te sea poco útil para dirigirte a tu objetivo.

Esto te puede parecer imposible, pero créeme que no sólo es posible sino que es es más fácil de lo que crees.

Es una habilidad, y por tanto, la puedes entrenar, mejorar y adquirir. Y si no me crees, mira lo que dicen algunas de las personas que han trabajado conmigo:

Proceso mental de Ana
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Qué te hace no ser constante

Ahora que ya sabes que la falta de constancia es algo que haces en tu cabeza, me parece un buen momento para que revisemos juntos algunos de los motivos que hacen que tires la toalla.

Vamos allá.

1. No te gusta el proceso

Si te gusta tu meta (recuperar la figura) pero no te gusta el proceso de conseguirlo (hacer deporte, cuidar tu alimentación, decir adiós al dulce), ten por seguro que tu cerebro se resistirá a que hagas ese cambio.

Son los famosos autosabotajes, que lo que  te indican es que hay algo dentro del proceso o de la propia meta que te produce una sensación negativa.

Como te dije antes, no es que tu cerebro vaya en tu contra, sino que trata de prevenirte de aquello que no te gusta (no te produce una sensación positiva).

2. Crees que no vas a ser capaz

Si quieres montar tu propio negocio pero en el fondo piensas que no vas a ser capaz de conseguirlo, o que vas a ser uno de esos emprendedores que fracasan antes del primer año, ten por seguro que no pondrás toda la carne en el asador para lograrlo.

Y no la pondrás porque a tu cerebro no le gusta derrochar recursos a lo tonto.

Tu cerebro, que es muy listo, preferirá ahorrar esa energía e invertirla en otras metas o acciones para las que sí tengas más certidumbre de que lo vas a lograr.

Acuérdate de la frase: ir pa’ na’ es tontería.

Pues eso, gastar recursos para algo que no estás ni siquiera seguro de si pasará o no, también es tontería.

3. Ves la meta muy lejos

Ves la meta muy lejos cuando no te crees que la puedas lograr o cuando se trata de un objetivo muy alejado en el tiempo (por ejemplo, sacarte una oposición o cualquier meta que requiera un tiempo considerable).

Si ves tu meta muy lejos, la verás muy pequeña o incluso borrosa. Y eso no motiva tanto como verla más cerca en el tiempo, tan grande incluso que parezca que la puedes sentir y hasta oler.

4. En el fondo, la meta no es tan importante

¿Te ha sucedido alguna vez que has conseguido algo y luego darte cuenta después que en fondo no era tan importante? ¿Que no era una meta tan vital como tú pensabas?

A lo mejor crees que hablar inglés con un acentazo británico de la leche es un objetivo súper importante, cuando en el fondo lo único que necesitas es poder comunicarte en inglés.

Es decir tener un súper acento británico es algo que te gustaría pero no es imprescindible para que te entiendan.

Recuerda que tu cerebro hace uso de recursos en función de la relevancia de la meta. Si no es tan importante, no pondrá toda la carne en el asador.

10 claves para ser más constante

Ahora que ya te he contado qué es la constancia y cómo funciona, creo que es buen momento para desvelarte 10 claves prácticas y realistas que te ayudarán a ser más constante (y a que tu película mental te sea más útil para dirigirte a tu meta).

¿Te parece que empecemos?

Pues venga, ¡arrancamos!

1. Ten paciencia

Una de las mejores formas de perder la motivación y tirar la toalla es no ser paciente a la hora de obtener resultados.

Cuando no ves resultados inmediatos lo que sueles pensar es que no ha servido para nada lo que has hecho.

Si lo llego a saber, ni lo intento.

Tanto esfuerzo para nada…

¡Mentira y gorda!

Piensa que casi todo en la vida requiere tiempo: montar un negocio, perder peso, superar una ruptura o cambiar de hábitos.

¡Venir al mundo requiere tiempo!

Que no veas resultados inmediatos no quiere decir que no los vaya a haber. 

Así que la próxima vez en lugar de pensar que lo que haces no está sirviendo para nada, interpreta esa acción como una siembra de resultados que están por llegar.

2. Desglosa tu objetivo en pequeños pasos

No hay nada más paralizante que saber qué quieres conseguir pero no tener ni idea de los pasos que tienes que dar.

Divide tu objetivo en pequeños pasos o rutinas a los que les puedas asignar un tiempo concreto y enfócate en ellos.

Eso hará que en vez de obsesionarte en la meta final, te centres en la siguiente acción, que por lógica será mucho más abarcable, alcanzable y estará más cercana en el tiempo.

3. Piensa en el proceso

Uno de los errores que más suelen cometer las personas es pensar sólo en la meta y olvidarse del proceso.

Se centran en qué conseguir pero no en cómo conseguirlo.

Piensa que tu cerebro necesita tener clara la ruta entre el punto A y el punto B. De lo contrario, lo único que percibirá será un hueco entre ambos puntos y no sabrá cómo rellenarlo (incertidumbre).

Así que una vez fijada la meta, piensa en cómo te vas a dirigir a ese punto.

No te quedes con una ruta sólo. Hay muchos caminos y combinaciones para dirigirte a un mismo objetivo.

Piensa en qué pasos tienes que dar, cómo podrías ir más rápido.

Enfócate en el proceso y en cómo ir avanzando cada vez más.

4. Haz el proceso hacia tu meta más divertido

La mayoría de las personas fracasan con sus objetivos porque el proceso para lograr su meta no les gusta.

Cuánto más disfrutes del proceso, más cuesta abajo se te hará dirigirte a tu objetivo (y menos tentación tendrás de tirar la toalla).

En la medida que asocies tu proceso a algo agradable, más aprenderás y más fácil te resultará dirigirte a tu meta.

Si quieres adelgazar y no te gusta ir al gimnasio, no te obligues a ir. Sobre todo porque a la mínima que se te presente un plan que te guste más, dejarás de ir y luego te sentirás mal.

Mejor piensa en algo que te guste hacer (salir a caminar o bailar) para conseguir eso mismo.

5. Inspírate en las personas que han logrado sus metas

¡Con la de historias fascinantes y gente que hay en el mundo!

No me digas que no conoces a alguien al que le vaya bien haciendo algo similar a lo que tú quieres hacer.

Además Internet nos lo ha puesto facilísimo en este sentido, ¡aprovéchalo!

Pregunta a otras personas cómo hacen para ser constantes. 

Fíjate en qué significado le dan a los retos que consiguen e inspírate con esas ideas.

6. Afirma menos, pregúntate más

Vivimos obsesionados por encontrar las respuestas correctas a cada problema. Yo creo que esto nos viene de la época del cole, donde había una respuesta correcta y el resto no.

Una buena respuesta viene precedida por una buena pregunta.

Pregúntate más a partir de ahora.

Cuestiona lo que crees saber y eso te permitirá ampliar tu mapa mental sobre el mundo y tus propias capacidades.

No digas ‘no puedo’. Pregúntate en su lugar ‘¿cómo podría?

El sólo hecho de formularte esa pregunta te permitirá contemplar otras opciones que no estás sabiendo ver y ampliar tus opciones y alternativas.

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7. Integra y conecta tus objetivos con tus valores personales

¿Qué te mueve y motiva en la vida?

¿Cuáles son tus principales valores?

Identifícalos, escríbelos en una lista y asocia esos valores con tus objetivos. De esta forma, éstos cobrarán mucho más sentido.

Si por ejemplo estás pensando en emprender tu propio negocio, y la familia es un valor muy importante para ti, puedes asociar las pequeñas rutinas que hagas para emprender con el hecho de que eso te permitirá pasar más tiempo con tu familia. O darle un mejor ejemplo a tus hijos, ser un mejor padre para ellos.

Además si lo haces así, tu objetivo será un medio para conseguir un fin y no un fin en sí mismo.

El sólo hecho de intentarlo implica que estás practicando ese valor y eso te generará motivación y te sentirás orgulloso de ti.

8. ¡Échale humor!

Nos tomamos demasiado en serio, ¿no te parece?

A lo mejor a ti también te pasa que tu forma de hablarte es con voz de juez y el mazo en mano (me viene a la cabeza la típica imagen de las pelis del juez pidiendo orden en la sala, hehe).

¡Échale humor a la vida!

¿Qué tal si le cambias la voz y le pones la del Pato Donald? ¿o la de Homer Simpson? ¿O le bajas el volumen?

En serio, ¡pruébalo!

¡Funciona que no veas!

Ya verás como si lo haces, esa voz que antes te taladraba la cabeza ahora incluso hasta te hace gracia 🙂

9. Compárate sólo con el tú de ayer

Una de las cosas que más merma tu constancia es comparar tus resultados con los de otras personas.

Ten en cuenta que estas comparaciones suelen bastante injustas (y poco realistas) ya que normalmente te comparas con alguien al que las cosas le van de lujo.

La única persona con la que te puedes comparar es con el tú de ayer.

Eso te permitirá valorar de manera más justa todo lo que has avanzado y aprendido.

Fíjate dónde estabas ayer (quien dice ayer dice hace una semana, un mes, un año, etc) y dónde estás ahora.

Observa la cosecha de logros que has ido consiguiendo y felicítate por ello.

10. No te fijes en cuánto te queda sino en lo que has avanzado.

Hablando de comparaciones, otra de las cosas que hacen que tires la toalla a la primera de cambio es el punto con el que comparas tu situación actual.

En vez de fijarte en todo lo que te queda para lograr tu meta, echa la vista atrás y observa todo lo que has avanzado.

Mira cuánto has evolucionado, todos los pequeños y grandes retos que has conseguido.

Y no me vengas con el rollo de que no te viene nada a la cabeza. 

Viniste al mundo sin saber absolutamente nada, indefenso y dependiente. Y fíjate ahora, ¡la cantidad de cosas que has aprendido y superado!

Aprende a identificar cuándo te es útil mirar hacia delante y cuándo lo es mirar hacia atrás.

Tienes a tu alcance muchos más recursos de los que imaginas para aprender y coger fuerza.

Asegúrate de utilizarlos todos 😉

En conclusión

La próxima vez que te digas a ti mismo que no eres una persona constante, acuérdate de que la constancia es algo que haces (en tu cabeza) y no algo que eres. 

Es una habilidad y por lo tanto, la puedes aprender, practicar y mejorar.

No importa si en tu pasado no has sido constante. Simplemente, no has sabido cómo hacerlo.

Porque la buena noticia es que el pasado no es en ningún caso premonición del futuro.

Es más, no necesitas reescribirlo.

Da igual de donde vengas.

Lo importante es hacia dónde quieres dirigirte a partir de ahora.

¿Te gustaría convertir tus propósitos de año nuevo en metas logradas de una vez por todas?

He escrito este artículo para darte claves prácticas y realistas que te ayuden a entender la constancia desde otro punto de vista, y que seas una persona más constante con tus metas.

De hecho, es un momento perfecto para ponerlas en práctica dado el mes en que estamos.

Porque, ¿te imaginas convertir tus propósitos de año nuevo y todos los proyectos que tienes en mente en metas logradas?

No quiero que te lo imagines ¡sino que lo consigas!

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Es una guía donde vas a descubrir, entre otras cosas:

• Un plan de acción hacia tus metas para que multipliques las posibilidades de conseguirlas.

• Los principales errores a la hora de plantearte tus metas y cómo no seguir repitiéndolos.

• Ejercicios prácticos para trabajar cada objetivo por separado y darles sentido.

• Consejos para mantener la motivación por el camino y no perder fuelle.

Consigue tu guía ahora y haz que el 2018 sea el año que marcó un antes y un después en tu vida.

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