Por qué te cuesta tanto ser constante y cómo dejar de serlo

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Hace un tiempo hice una encuesta entre todas las personas que forman parte de la comunidad de Aprendízate con el objetivo de saber cuál era su principal problema o dificultad a la hora de motivarse y de alcanzar sus metas.

Hubo una respuesta que ganó por goleada y consiguió desbancar a las demás por mucho: «Patri, me cuesta ser constante a la hora de lograr mis objetivos».

De hecho, esta respuesta se repite a mi alrededor, a diario. La mayoría de las personas con las que trabajo vienen a mí precisamente por esto mismo. Y es que si ya es difícil motivarse si no se sabe cómo hacerlo, mucho menos lo es mantener un buen nivel de motivación en el tiempo, hasta llegar a la meta.

Ese suele ser el principal problema de las personas que están por ejemplo, estudiando una oposición, o buscando empleo, o siguiendo una dieta. En todos esos casos necesitas no sólo mantener el foco y la motivación alta, sino mantener el tipo y no ‘decaer’.

Pero claro, ¿cómo puedes ser más constante y no perder la motivación cuando no te gusta lo que haces? ¿o cuando el resultado final no depende 100% de ti? ¿o cuando ni siquiera sabes si el esfuerzo que estás haciendo merecerá la pena?

Déjame decirte que tengo una buena noticia: sé cómo ayudarte a conseguir ser más constante y dirigirte a tu meta sin perder la motivación. Para ello, y porque sé cuánto te preocupa este tema, te traigo una sorpresa que te desvelo al final del post.

Por el momento lo que voy a hacer es ayudarte a aclarar ideas y a que empieces desde ahora mismo a ver el tema de la constancia y de la fuerza de voluntad desde un prisma totalmente distinto.

 

¿Eres una persona constante?

Normalmente, cuando le dices a alguien que te cuesta ser constante la pregunta que te suelen hacer es: «¿y por qué te cuesta?». Lógicamente, tú empiezas con tus razones y argumentos. Es que es muy difícil, es que no me gusta, es que es un coñazo, es que no lo tengo claro, es que ya llevo así mucho tiempo, etc. Como dicen en inglés: you name it (vamos, la razón que se te ocurra).

El problema está en que cuando tú detectas que esa falta de constancia empieza a ser una constante en tus metas, lo empiezas a achacar a un rasgo de tu personalidad. Es decir, empiezas a decir eso de:

Siempre acabo tirando la toalla…

No tengo fuerza de voluntad…

No soy constante con mis metas y siempre acabo igual…

El peligro de no saber plantearte qué te hace conseguir siempre el mismo resultado es que acabas asociando tu falta de constancia como algo que tú eres. Como si fuera una tara o algo con lo que vas a tener que vivir el resto de tu vida. Es algo así como el famoso «no, si es que yo soy así».

Y claro, desde ahí es bastante difícil poder salir de ese disco rallado.

Ahora bien, como siempre te digo en Aprendízate, si quieres obtener buenas respuestas tienes que aprender a hacerte buenas preguntas.

Por eso, déjame plantearte la pregunta del millón.

 

La pregunta del millón: ¿Qué te hace no ser constante?

¿Qué te provoca no ser constante? O dicho en otras palabras: ¿qué es lo que hace que tires la toalla y te desmotives por el camino?

Quiero que entiendas que la constancia o tu falta de constancia no es algo que eres, sino algo que haces.

Es la consecuencia de hacer o no hacer algo.

La falta de constancia no es una causa que provoca que tú abandones las cosas a mitad de camino, sino que es la consecuencia de lo que te dices a ti mismo, de cómo enfocas tu objetivo o de cómo no lo has enfocado.

Es el resultado de las decisiones que tomas en tu cabeza.

La falta de constancia es un resultado. Por tanto, si quieres dejar de tirar la toalla y lograr ser constante por donde de verdad tienes que empezar es en saber qué te ha llevado a ese resultado. 

El principal motivo por el que la mayoría de las personas fracasan a la hora de ponerse a dieta, estudiar una oposición o ponerse en serio con algo es porque intentan adquirir nuevos hábitos (para ser constantes) sin haber entendido antes qué les ha provocado llegar donde están ahora.

Si no entiendes de dónde te viene tu desmotivación, qué te provoca decir “mañana empiezo”, o no tomarte en serio tus objetivos, difícilmente vas a poder sustituir unos hábitos por otros. Tiene toda la lógica del mundo, ¿no?

 

 

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Algunas razones que hacen que no seas constante

Voy a hacer un repaso a algunas de las causas que pueden provocarte el que abandones tus objetivos a medias. Como siempre te digo, cada uno pensamos, sentimos y hacemos de distinta manera y lo que a uno le funciona a otro puede no funcionarle y es normal.

Lo que quiero es que identifiques cuáles de ellas te suenan familiares y que las apliques a objetivos concretos que te cuesta conseguir (ponerte a estudiar inglés, perder peso, sonreír más, ordenar tu casa, ser puntual a las citas, etc).

Vamos allá:

 

1# Centrarte solo en el objetivo y no en el proceso

Imaginarte consiguiendo tu objetivo está genial. Eso hace que tu cerebro genere dopamina y te ayude a ponerte en marcha.

Ahora bien, si solo te centras en el resultado final (el qué) y te olvidas del proceso (el cómo conseguirlo), es muy probable que abandones a mitad de camino por no haber planificado o considerado los pasos intermedios.

Déjame ponerte un ejemplo: a lo mejor tu meta es hablar inglés. Al imaginarte hablando inglés, te visualizas hablando con un inglés propio de la reina de Inglaterra. A lo mejor incluso notas cómo tus palabras fluyen por tu boca sin esfuerzo alguno, manteniendo conversaciones larguísimas y eso te hace sentir fenomenal.

Por supuesto, que hagas eso está muy bien. Le estás dando a tu cerebro pistas hacia tu objetivo. Estás sintiendo la emoción que sentirías si lo consiguieras y esto está genial.

Ahora bien si además de eso no planificas cuál es la mejor manera de lograrlo y no tienes en cuenta el proceso desde donde estás ahora hasta donde quieres estar, lo más seguro es que ese objetivo te cueste mucho más.

 

2# Lo que pasa en tu cabeza y en la realidad, no coincide

Este es un punto similar al anterior, pero con algún matiz distinto. Ahora a lo que me refiero es a cuando sí tienes en cuenta el proceso, es decir, la planificación de los pasos, pero lo que te habías imaginado en tu cabeza no coincide con la realidad. Es decir, tus expectativas no se cumplen. 

En la mayoría de los casos el abandono de las metas se produce por eso mismo, porque tus expectativas no se ven cumplidas. En tu cabeza comparas ese inglés fluido y perfecto con las cuatro palabras que chapurreas en inglés y claro, te decepcionas.

Lo peor es que esa decepción en muchos casos la acabas llevando al terreno de tu identificación personal. Y si resulta que yo no valgo para estudiar inglés. Y esto no es lo mío, y si estoy perdiendo el tiempo… Y toda esa bola de nieve acaba degenerando en un miedo al fracaso brutal.

 

3# No crees que vayas a conseguirlo

En muchos casos lo que falla a la hora de conseguir tu objetivo es que en el fondo no creas que lo puedes conseguir. Es lógico pensar que si quieres lograr algo necesitas creer que esa meta es factible y que tú la puedes conseguir.

Porque a la hora de la verdad, si tú estudias inglés un montón de horas, o haces una dieta para adelgazar pero en el fondo no crees que puedas conseguirlo, es muy fácil que a la mínima que surja algo con lo que no contabas te digas: ves, si ya lo sabía yo, esto es imposible.

No importa que la gente a tu alrededor te anime y crea en ti. Si tú no crees en ti y en que lo puedes conseguir, tarde o temprano acabarás tirando la toalla.

 

Conclusión

Como te vengo explicando a lo largo de todo el post, la falta de constancia es el resultado de lo que pasa en tu cabeza: los pensamientos que tienes, las emociones que te provocan y el significado que le das a todo ello («no sirvo para nada», «no merece la pena tanto sacrificio», «esto es muy difícil», etc).

La falta de constancia es una consecuencia, y en ningún caso la causa que provoca que no logres tus metas. En el fondo y si lo piensas bien, que hayas hecho del tirar la toalla un hábito en tu vida no es más que una habilidad. Es decir, se te da bien hacer algo que te aleja de tu objetivo.

La clave está en descubrir cómo haces para no ser constante.

Si aprendes a identificar qué pasos son los que te llevan a ese resultado (tirar la toalla o perder la motivación por el camino), estarás en mejores condiciones de eliminar lo que no te funciona y reemplazarlo por aquellos pasos que sí te acerquen a tu objetivo.

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Y ahora te toca a ti: ¿Qué te ha parecido el post?

 

 

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Porque la vida es mejor cuando se está motivado.

Mi misión es ayudar a las personas a aumentar su motivación y la confianza en sí mismas para que aprendan a mejorar sus vidas, y se dirijan con más seguridad a sus metas personales. Qué, ¿te unes al grupo de los que han dejado de decir ‘no puedo’ para preguntarse ‘cómo podrían’?
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2 comentarios en “Por qué te cuesta tanto ser constante y cómo dejar de serlo

  • Hola Patricia,
    me ha encantado el post. Yo siempre he sido una persona con muy poca fuerza de voluntad y desde hace ya un año estoy trabajándola diariamente. Opino como tú, todo está en nuestra cabeza y empezamos a perder esa fuerza de voluntad con una mala toma de decisiones. Por ello yo también aconsejaría el aprender a tomar las riendas de uno mismo y ver qué es lo que se quiere realmente para aprender a tomar mejores decisiones y no desistir con nuestros propósitos.
    Un abrazo,
    Isra

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