Cómo convertir tus propósitos de este año en metas logradas

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En el post anterior te hablé del peligro que tiene en tu confianza personal y en tu autoimagen el no tomarte tus metas en serio. Te hablaba de por qué el no ponerte en marcha es la consecuencia directa de no tomarte en serio ni a ti ni a tus posibilidades, y de no ver tus metas claras.

Si recuerdas, acababa el artículo diciéndote que en el próximo post te hablaría de una propuesta eficaz y práctica para ayudarte a salir de ese bucle en el cual repites tus mismos propósitos de año nuevo una y otra vez.

Pues bien, lo que quiero es ayudarte a que hagas de este 2017 un año donde empieces a tomarte en serio tus posibilidades a la hora de mejorar tu vida.

Estoy decidida a ayudarte a conseguir resultados diferentes, siempre desde la congruencia y el sentido común, y a que aprendas a diseñar tus pasos para dirigirte a tus metas.

Quiero que comprendas todo lo que puedes empezar a hacer (y que seguramente no estás haciendo ahora), para lograr tus objetivos y aumentar tu confianza personal.

 

Cómo convertir tus propósitos de año nuevo en metas logradas

 

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Lo que voy a contarte ahora no tiene nada que ver con ser optimista, o que con pensar que todo va a ir bien ya es suficiente.

Para nada.

Lo que te voy a explicar es la lógica que hay detrás del chiste. Y es que si quieres que el 2017 te traiga flores, la clave está en plantarlas.

Así que siguiendo con la metáfora, que me parece muy clara y sencilla, voy a describirte los pasos para plantar tus propias flores, o lo que es lo mismo, cómo empezar a plantar las semillas de lo que serán tus futuros resultados.

 

1# Infórmate y averigua

En el post donde te contaba que a veces lo de los propósitos de año nuevo me sonaba a pitorreo te explicaba que un deseo y una meta no son lo mismo. Te decía que muchas personas piensan que con proponerse algo ya tienen todo el trabajo hecho.

Plantearse propósitos cada enero no es suficiente. No garantiza, y tú lo sabes, que los vayas a lograr.

Ese es sólo el punto de partida.

A partir de ahí es muy importante que sepas priorizar esos propósitos y que entiendas qué impacto o cómo mejoraría tu vida si los consigues.

En esta etapa inicial es importante no sólo proponerte algo, sino plantearte cuál es la mejor manera de dirigirte a tu meta.

Siguiendo con el ejemplo de las flores, si quieres plantar petunias, por ejemplo, y nunca lo has hecho antes o se te han muerto, tendrás que averiguar cuál es la mejor manera de hacerlas crecer, qué tipo de ambiente necesitan, cuánta agua, etc.

No es suficiente con decir «quiero plantar petunias». Si de verdad quieres tener éxito y que no se mueran, tendrás que informarte de cuáles son los pasos a seguir.

A la hora de diseñar tus objetivos es importante que prestes atención a los pasos a realizar o de qué otras formas puedes conseguir eso mismo.

Mira a ver cómo están consiguiendo otros tu mismo objetivo, inspírate de sus ejemplos, averigua información. En la medida que amplíes tus opciones, tendrás más posibilidades de lograr tus objetivos.

 

2# Mejora tus habilidades y créetelas

De nada sirve ponerte a plantar petunias si en el fondo piensas que no vales para las plantas o que tarde o temprano se te van a morir. Está claro que si piensas así perderás tu motivación a la primera de cambio.

A lo mejor hasta ahora no se te han dado bien ciertas tareas. A lo mejor hasta ahora has dejado tus metas a medias, siendo incapaz de lograrlas.

Pero ese «soy incapaz» está en tu mente. Eso es lo que tú crees. Que hayas tenido esos resultados hasta ahora no quiere decir que no lo puedas empezar a hacer mejor ahora.

Ser bueno o malo en algo no se trata de lo que eres, se trata de lo que haces.

Si ya sabes que haciendo x no consigues lo que quieres, ¡enhorabuena! Ya sabes cómo no seguir intentándolo. Esto también es una información muy valiosa a la hora de dirigirte a tus metas.

Motivarte mejor, ser más constante o tener mayor fuerza de voluntad son habilidades que puedes aprender, mejorar y practicar. Se trata de conocerte mejor, de saber qué te es útil y qué te aleja de tus objetivos.

Quizás hasta ahora no se te hayan dado bien las plantas. Pero si quieres que tus petunias florezcan y sobrevivan, primero tienes que pensar que ser mejor jardinero es una habilidad, y no es que no puedas o seas incapaz.

 

3# Aprende a ser flexible

Ser flexible y aprender a cambiar de dirección cuando ves que un camino no te lleva a ninguna parte, es esencial. Es curioso como a veces seguimos haciendo lo mismo una y otra vez, esperando eso sí, resultados diferentes.

Por seguir con el ejemplo de las petunias, sería absurdo seguir cuidándolas de la misma forma si ves que se te están muriendo. Está claro que si se están poniendo pochas es que algo falla. Y ahí es cuando te toca ser flexible e identificar qué es lo que estás haciendo mal.

Algo tan obvio muchas veces nos pasa completamente desapercibido. De hecho, es la paradoja y la coña que te comentaba con lo de los buenos propósitos. Por más que veas que cada año te repites los mismos (señal de que no los has conseguido), te los vuelves a plantear de la misma forma, sin cambiar nada, un año tras otro.

Por eso es tan importante aprender a ser flexible, cosa que por cierto, también es una habilidad. Claro que hay gente que se adapta mejor a los cambios que otra, pero no deja de ser una habilidad que puedes empezar a practicar.

Desapegarte de los resultados y ser capaz de ver más opciones donde ahora sólo ves una, es clave para aprender a ser más flexible.

 

4# Sé paciente

Muchas veces a lo mejor no estás haciendo nada mal. Simplemente lo que necesitas es esperar a que las flores florezcan. Es decir, necesitas ser paciente y respetar su proceso de crecimiento.

Creo sinceramente que la impaciencia es una de las habilidades donde más solemos pinchar, y más en el mundo actual, donde todo es para ayer.

Muchas veces el motivo principal de la desmotivación es la falta de paciencia. Cuando ves que no obtienes los resultados que quieres o que las cosas no van como a ti te gustaría, te desesperas y pierdes la motivación.

Lo peor de todo es que lo ves como algo normal, cuando realmente lo lógico sería utilizar toda esa energía para aprender a ser más paciente y trabajar tu motivación mientras los resultados llegan.

Porque como siempre digo, lo interesante no es que te sepas motivar cuando las cosas te van bien.

Lo interesante es que sepas mantener un buen nivel de motivación hasta que los resultados lleguen. O cuando las cosas no van como a ti te gustarían. Ahí es donde está el verdadero arte a la hora de motivarte y de perseverar.

 

5# Valora y analiza los resultados

Mientras estás plantando, es muy importante ir valorando los resultados. «Parece que las petunias tiran para adelante», «ah, pues parece que hoy están peor que ayer…», y ese tipo de comentarios.

Muchas veces empiezas un proceso y te desentiendes de tu avance, de cómo marchan las cosas.

A lo mejor te repatea ir al gimnasio, te frustra, te cagas en todo cuando tienes que ir. Sin embargo no te preguntas «Oye espera, ¿de qué otras formas podría perder peso y que me resultaran más atractivas?» «¿De qué otra manera podría lograr ese mismo objetivo, disfrutando más del proceso?»

Ten clara una cosa: en la medida que disfrutes del camino, más fácil se te hará lograr tu meta.

Nos han educado diciendo que en la vida todo cuesta, que hay que sacrificarse por lo que uno quiere. Yo conozco a personas a las que les gusta experimentar la sensación de sufrir mientras están en el gimnasio haciendo pesas, pero porque eso les motiva. Asocian esa sensación con superación personal y eso les funciona. Si es así, perfecto.

Pero si a ti sacrificarte y pasarlo mal consiguiendo algo no es que no te funcione, sino que te aleja aún más de tu meta, plantéate si acaso te merece la pena seguir extendiéndolo. O si de verdad quieres conseguir tu meta habiendo pasado tantas calamidades.

Porque lo que es seguro es que siempre hay muchas maneras de lograr las cosas.

Tú decides cuál te conviene más.

 

Conclusión

Como ves, los propósitos de año nuevo no funcionan a no ser que tú te pongas a trabajar en ellos, a tomarte en serio tus metas y a crearte un plan de acción.

Pero todas esas cosas en el fondo están formadas por otras muchas habilidades, como la de saberte motivar y mantener ese estado a lo largo del proceso, ser más paciente o aprender a ser más flexible.

Convertir tus propósitos de año nuevo en metas logradas pasa sí o sí por conocerte mejor, por comprender lo que te funciona y lo que no.

Se trata de alinear tus pensamientos, creencias, emociones y acciones en la dirección de tus objetivos. Si cada uno de ellos ‘va a su bola’, te será muchísimo más difícil lograr tus metas.

En muchos casos (no digo que en todos), lo que realmente falla no es el hecho de que no puedas… es el hecho de que no sabes cómo hacerlo mejor. Pero cambiar tu forma de motivarte, de planificar tus pasos o de diseñarte una rutina que te funcione mejor son habilidades que puedes aprender. Nunca lo olvides.

Espero que este artículo y las petunias te hayan ayudado a comprender mejor cómo convertir tus buenos propósitos en metas logradas. Y si quieres una ayuda extra, te animo a que te descargues gratis la guía que he escrito especialmente para ello.

 

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