4 errores comunes a la hora de afrontar los cambios y cómo aprender de ellos

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Estás tú tan a gusto, lidiando con tu día a día y haciendo tus queaceres. Te manejas con tus cosas. Al fin y al cabo, la mayoría de tus rutinas se componen siempre de lo mismo. Sabes manejarte en tu balsa de aceite.

Y de repente, sucede aquello con lo que no contabas ni por asomo, ni has buscado que sucediera.

De repente se produce… un cambio en tu vida.

Es entonces cuando tu balsa de aceite, esa en la que te sabías manejar al dedillo, empieza a agitarse.

Ay madre…

Se aproximan cambios. Ya solo de pensarlo te empiezan a entrar los agobios, parece que hasta hace más calor.

Y como por arte de magia, por tu cabeza empiezan a pulular un montón de dudas, miedos e inseguridades.

Y si no sale bien… Y si esta vez no sé manejarme… Y si las cosas no van como yo quiero… Y si no tengo los recursos suficientes para hacerlo bien… Y si no soy capaz… Y si fracaso…

Poco a poco, toda esa marabunta de preguntas van cubriendo tu cabeza en una nube tan espesa que lo empiezas a ver todo negro.

Empiezas a tardar más de lo habitual en dormirte y a dar vueltas en la cama.

Te cuesta pensar con claridad, ser ‘objetivo’ y notas cómo tus pensamientos tratan de abrirse paso entre tanta duda.

Pero es difícil.

El no poder calcular con exactitud qué va a pasar te genera incertidumbre y eso te desanima y te provoca ansiedad.

Y lo peor de todo: te produce una sensación de estar solo ante el peligro, una sensación por cierto que te da vergüenza hasta comentarla en voz alta: sientes miedo.

Menos mal que siempre puedes desahogarte con algún amigo o leer algo que te ayude, por ejemplo en Internet, o mandar un wassap a alguien para escuchar un consejo que tú mismo eres incapaz de darte.

Cuando te decides por fin a leer algo sobre cómo afrontar mejor los cambios o contárselo a tu mejor amigo, ¿qué te encuentras?

La típica frase repetida hasta la saciedad, cansina como ella sola de tanto que se ha repetido. Una verdad universal que parece que con decirla ya desaparezca el agobio que sientes: ‘hay que aceptar los cambios, y no negarse a ellos’.

 

 

No niegues el cambio, acéptalo

Mi enhorabuena y palmada en el hombro a quien diga esta frase y se quede tan ancho.

Demuestra que las obviedades y el sentido común lo tiene dominado.

Ahora bien, si sabes perfectamente que cuanto antes aceptes el cambio en lugar de sentir que das cabezazos contra la pared, mi pregunta es: ¿por qué cuesta tanto aceptar los cambios?

Si todo el mundo sabe que lo lógico es ir en la misma dirección que ellos, ¿por qué lo normal es resistirse a ellos?

Te voy a explicar por qué (algo por cierto, bastante obvio también):

Porque una cosa es decirlo y otra bien distinta hacerlo.

O lo que es lo mismo: está muy bien decir que para afrontar el cambio lo mejor es aceptarlo… ahora bien… ¿cómo leches se hace eso?

¿En qué consiste aceptar un cambio?

¿Cómo sabrás si lo estás aceptando?

¿Cómo sabrás que lo estás haciendo bien?

 

¿En qué consiste aceptar el cambio?

Cuando estás atravesando un cambio con el que no contabas y oyes ese tipo de frases de ‘acepta el cambio’, lo que suele pasar a menudo es que, lejos de ayudarte, hacen que te sientas peor.

Peor porque te la dicen y no entiendes nada. Porque buscas comprensión y nada de lo que te dicen los demás parece aplicarse a lo tuyo.

Claro que no te entienden. Al fin y al cabo, cada uno ve lo que le pasa desde su propia perspectiva, desde su propio mapa mental. Y lo que tú estás viendo ahora mismo, la raíz de tus miedos e inseguridades, seguramente para otro no sea más que un mal día, o algo no tan grave.

No es que no te entienda. Es simplemente que el otro no es tú.

Créeme. No eres raro ni pasa nada malo contigo. Eres humano, lo cual quiere decir que sientes y padeces. No eres el único al que le pasa que lo que piensa no se corresponde con lo que te gustaría pensar. O que lo que sientes no se parezca ni por asomo a la sensación de confianza y serenidad que te gustaría sentir.

Esa incongruencia entre cómo te gustaría afrontar ese cambio y cómo lo estás afrontando realmente, sucede a veces y es normal.

¿Sabes por qué te lo digo? Por dos razones, una biológica y otra más lógica:

1# Razón biológica

Yo también soy humana. Yo también me frustro cuando veo que las cosas no salen como me gustaría, o cuando veo que lo que hago no se corresponde con lo que me digo a mí misma.

Yo también he tenido, tengo y tendré noches dando vueltas en la cama (una palmadita en la espalda de nuevo a los que van de a mí no me afectan las cosas ni dejo que nada me perturbe).

2# Razón lógica

Por el hecho de saber algo no implica que tengas que saber cómo hacerlo, cómo llevarlo a cabo. El que tú en el fondo sepas que lo mejor es aceptar el cambio cuanto antes no quiere decir que sepas cómo hacerlo.

Saber el qué no implica que tengas que saber el cómo (fíjate que no te estoy diciendo que no puedas sino que no sepas, que es bien distinto).

 

Cómo puedes empezar a afrontar mejor los cambios

Pero entonces, ¿cómo puedes afrontar mejor los cambios?

Que haya esa diferencia entre cómo estás llevando el cambio y cómo te gustaría manejarlo no quiere decir, como te he dicho, que seas un bicho raro. Tampoco quiere decir que no puedas hacer nada para aprender a limar esa diferencia y acercar tu actitud actual a la que te gustaría tener.

Por eso te quiero hablar de algunos de los errores más comunes que cometes a la hora de afrontar los cambios, de forma que puedas aprender de ellos.

Fíjate que mi objetivo no es que los evites, sino que aprendas gracias a ellos.

Creo que por mucho que queramos hay errores que no se pueden evitar. Pero es que creo también que es bueno e incluso sano cometerlos. ¿Por qué? Pues porque tu experiencia de aprendizaje no es la misma si otra persona te cuenta su error a que lo vivas tú.

Vivimos en la cultura del ‘evitar’ cuando realmente lo interesante sería estar en la cultura del ‘aprender’. Porque en el fondo, la diferencia entre alguien que se siente una víctima y alguien que se siente líder no es que uno tenga problemas y el otro no.

La diferencia no radica en lo que les sucede sino en lo que hacen con lo que les suceden.

Así que sí, paso a comentarte estos 4 errores de forma que puedas aprender de ellos y ver tus opciones desde una nueva perspectiva.

 

4 errores a la hora de afrontar el cambio y cómo aprender de ellos

1# No hacer nada

Uno de los comportamientos más habituales ante un cambio consiste en no hacer nada. Quedarte de brazos cruzados y mirar para otro lado, como si así el problema se fuera a solucionar o el cambio se fuera con la música a otra parte.

Estarás de acuerdo conmigo en que esto casi nunca funciona. Es más, lejos de hacer el cambio más llevadero, lo dificulta aún más.

Es normal sentir miedo ante un cambio.

Se debe a la sensación de pérdida de control que tienes, debido a que el cambio siempre genera incertidumbre (qué pasará, dónde me llevará esto, afectará a mi vida, sabré salir adelante, etc). Como te he dicho en más de una vez, a tu cerebro no le gusta la incertidumbre pues hace que te cueste más elegir y tomar decisiones.

⇒ Cómo aprender de este error: cuando sientas miedo y decidas no hacer nada, piensa en la siguiente idea: no hacer nada, también es hacer algo. Una de las cosas más frecuentes es pensar: como no sé que hacer, no hago nada. Dindindingg… error. No hacer nada es una decisión en toda regla. Puede parecer muy tonto pero aprender a analizar tu percepción desde este nuevo punto de vista es lo que te hará darte cuenta de que incluso desde esa postura, el tiempo sigue corriendo.

 

2# Pretender que no lo estás viendo venir

Este es un error bastante similar al anterior. Pretender que el cambio no está sucediendo. Jugar al ‘ojos que no ven, corazón que no siente’. O por lo menos, jugar en la teoría, porque en el fondo sabes que por mucho que te empeñes en no ver, el cambio se está produciendo.

⇒ Cómo aprender de este error: con una pregunta: ¿qué es lo que hace de lo que te está ocurriendo un problema? Es decir, los problemas no existen como tal, no son cosas con patas que caminen por la calle. Son un conjunto de sucesos a los que les das un valor y un significado. Y dependiendo de esa lectura que hagas, le colocarás la etiqueta de problema u oportunidad. Analiza esa secuencia de sucesos y trata de descubrir qué es lo que hace de eso un problema. Ser más específico identificando lo que te molesta o agobia te ayudará a poder centrarte en la mejor posible solución.

 

3# Pensar ‘por qué a mí’

Otro de los errores más frecuentes a la hora de afrontar los cambios es anclarse en el famoso por qué a mí. El colchón de plumas suave y calentito del victimismo y del qué injusto es todo es demasiado cómodo y tentador para no querer tumbarse en él. Ahora bien, ¿qué ganas con repetirte hasta la saciedad que por qué a ti?

⇒ Cómo aprender de este error: cambia la pregunta y pregúntate ¿por qué a mí no? Pregúntate qué es lo que puedes aprender gracias a ese problema. ¿Qué es lo que te ha venido a enseñar en tu vida?

Seguro que si lo piensas ahora con calma, verás que algunos de los cambios más importantes que sucedieron en tu vida fueron también épocas en las que aprendiste un montón. Trata de pensar qué puedes aprender de lo que te está ocurriendo ahora.

 

4#  Querer afrontar el cambio como un vaquero del Oeste.

¿Sabes en la típica peli del Oeste cuando el vaquero bueno (el que salva luego a la chica y se queda con ella), entra en el bar marcando pecho y con la cabeza bien alta, y de repente se hace el silencio y todo el mundo le mira?

Pues ese es el error que cometes muchas veces a la hora de afrontar los cambios: querer hacerlo como si fueras el vaquero bueno al que todo el mundo admira y respeta. Querer hacerlo siendo la persona perfecta.

Los perfeccionismos están muy bien… pero en el mundo del arte. Pretender afrontar un cambio de la forma correcta es como pretender correr una maratón sin sudar. ¿Cuál es la forma correcta de hacer las cosas? ¿A qué llamas correcto o incorrecto? ¿Correcto o perfecto para quién?

⇒ Cómo aprender de este error: tratar de manejar un cambio de forma correcta es la mejor manera de pegarte una leche bien dada contra el suelo. Más que tratar de hacer las cosas a la perfección, trata de hacerlas mejor cada vez.

No trates de ser el vaquero del Oeste a quien todo el mundo admira. No trates de hacerte nada que no seas. Simplemente se tú y trata ese cambio como una oportunidad para hacer algo un poquito mejor que lo hiciste ayer. De esa forma dejarás el látigo de la auto-exigencia a un lado y muy probablemente conseguirás reducir tu sensación de agobio, tratándote un poco mejor.

 

Conclusión

Como ya sabrás a estas alturas, el cambio es innegable. Todo por una sencilla razón: porque la vida es cambio.

Pero como te he comentado en el post, una cosa es saber algo y otra bien distinta, aplicarlo, creértelo y que no te quite el sueño. Una cosa es imaginarte cómo te gustaría gestionarlo en tu cabeza y otra cómo lo estás sobrellevando realmente.

Es normal que sientas esa incongruencia entre lo que dices y lo que sientes, entre lo que expresas y lo que en fondo sientes por dentro.

Los cambios desestabilizan, generan incertidumbre.

En muchos casos echan a rodar una gran bola de nieve en forma de dudas, tensión, miedo y agobios.

Ahora bien, aprender a gestionar ese cambio para, no ya sobrellevarlo mejor sino convertirlo en una oportunidad para crecer, es toda una posibilidad que a menudo dejas pasar desapercibida.

El peligro de pensar solo en el ‘que esto pase cuanto antes’ es que no te permite contemplar la opción de qué pasaría si ese cambio te permitiera mejora tu vida o algún aspecto de ti.

Qué pasaría si en lugar de vivirlo desde el victimismo, aprendieras a manejarlo como un verdadero líder.

Te dejo con la pregunta a modo de deberes 🙂

 

 

Y ahora te toca a ti:

¿Qué te ha parecido el post?

 

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