Cómo la PNL me ayudó a terminar con la creencia de que era mala en matemáticas

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Siempre he sido muy mala en matemáticas.

Durante todos mis años de colegio e instituto tuve que lidiar año tras año con la misma frustración de sentirme totalmente inútil y tonta, de no entender nada.

Recuerdo como muchas veces la noche antes del examen, acudía a mi hermana mayor para que me explicase todo aquel sin sentido para mí. Algunas veces, de puros nervios que sentía, me entraban ataques de risa incontrolables. Mi hermana, claro, se enfadaba y me mandaba a la mierda.

Pero mis carcajadas sólo escondían la rabia que sentía.

Me sentía un cero a la izquierda.

Iba a los exámenes sabiendo ya el resultado que iba a obtener: suspenso. Recuerdo que conseguir un 4,7 por ejemplo, era todo un logro para mí, y lo celebraba igual que si hubiera aprobado. Así de patética era la situación.

En mi casa yo era «Patri la que no sirve para las matemáticas». Porque claro, evidencias de que aquello no era lo mío abundaban por todas partes.

Y eso fue así año tras año. Suspendiendo siempre. Y aprobando por los pelos al final.

Ante ese percal, te puedes hacer una idea de la alegría que sentí cuando al acabar la Selectividad supe que nunca más tendría que enfrentarme a tal suplicio (estudié Comunicación Audiovisual). Fue, y no exagero, uno de los días más felices de mi vida.

 

 

Adiós matemáticas

Nunca más tuve que estudiar matemáticas, claro.

Pero las secuelas seguían quedando.

«Soy mala para las mates», me repetía a mí misma a modo de mantra.

Y por supuesto, ése siempre ha sido el chistecillo fácil que se hacía en mi casa. Un chiste que, aunque sin ninguna maldad, a mí me seguía calando. Porque aunque es verdad que ya no tenía que estudiar matemáticas, la sensación y el recuerdo de ser una completa inútil que no se enteraba de nada seguía haciéndome daño.

 

Mi encuentro con la PNL y el trabajo con creencias

Te cuento todo esto porque años después, cuando me estaba formando como Licensed Practitioner en PNL, se me presentó una oportunidad de oro para acabar con esa sensación y recuerdo todavía hiriente. Te cuento cómo fue:

Mi profesor, Xavier Pirla, estaba hablando de las creencias. Después de explicar todo lo relacionado con las creencias y por qué es tan importante ser consciente de ellas, nos puso en grupos para que trabajáramos la de una persona en concreto.

Yo, por supuesto, me ofrecí voluntaria en mi grupo para ser el conejillo de indias. Quería que mis compañeros me ayudaran a acabar con ese dichoso lastre de las mates (sentía algo así como «quitádmelo, quitádmelo», hehe).

Me empezaron a hacer preguntas: que cómo sabía que era mala en mates. Que qué impacto había tenido en mi vida. Que si era verdad, etc.

Pero yo me sentía igual.

Después del ejercicio, Xavi pidió un voluntario en clase para revisar una creencia poco útil entre todos.

No me lo pensé dos veces: «yo, yo, la mía, la mía».

Así que empezamos a trabajar con mi creencia:

– Patri, ¿cuál es tu creencia?

– Que soy mala en matemáticas.

– Vale, ¿cómo lo sabes?

– Porque siempre suspendía en mates.

– Vale Patri, pero eso no es una razón. Eso (los suspensos) son evidencias de que eras mala en mates. ¿Qué te hizo ser mala en matemáticas?

¿Qué te hizo ser mala en matemáticas?

Te lo juro. Fue oír esa frase y sentir como una carga súper pesada cayera de mis hombros y se estampara contra el suelo.

En sólo un segundo fui consciente de una liberación brutal, como que rompía unas cadenas y me liberara de ellas.

«¡Claro!», pensé. Los suspensos que coleccionaba eran el resultado de mi creencia. Eran ejemplos que corroboraban aquello que yo creía. Cada suspenso daba más credibilidad y peso a la creencia. La afianzaba.

En ese momento, sentada en mi silla con mi profesor de PNL delante y todos mis compañeros, fui consciente y reviví el mismo pensamiento recurrente que tenía cada vez que sabía una nota negativa: «claro, ves Patri, si es que eres mala en mates».

Antes de que Xavi me hiciera esa pregunta yo contemplaba el ser mala en mates como la razón de todos mis suspensos y frustraciones. Sin embargo el ser mala en mates era una consecuencia provocada por otros factores.

¿Ves la diferencia?

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Tú no eres esto o lo otro

Tú eres tú: la persona que ERES. Otra cosa es lo que haces, tus habilidades. Tanto si se te da bien cantar como si se te da mal, ambas son habilidades (haces bien cantar mal, que no deja de ser una habilidad). Se te puede dar extremadamente bien sentirte mal o desmotivarte y eso, no lo dudes, es una habilidad.

Pero en cualquier caso, las habilidades son cosas que haces y no algo que eres.

La razón por la que me sentí tan liberada cuando Xavi me preguntó que qué me había hecho ser mala fue porque me di cuenta de que yo no ERA mala, sino que los resultados que tenía eran la consecuencia de otros factores que yo HACÍA mal.

Mis suspensos no eran la razón de mi creencia, sino que eran ejemplos de la misma. Mi profesor me estaba preguntando qué me había provocado llegar a esa conclusión, es decir, las verdaderas razones que yo no estaba sabiendo ver.

Porque:

  • ¿Cómo crees que me ponía a estudiar mates? Pues desmotivada total y pensando «si total, voy a suspender…».
  • ¿Cómo crees que me ponía a atender las explicaciones en clase? Pues más pendiente de cuándo iba a ser el momento de perderme (porque sabía que lo iba a haber), que de poner todo mi foco en entenderlo.

 

Los verdaderos motivos que me hacían ser mala en mates

Estar desmotivada con las matemáticas hacía que las estudiase menos de lo que realmente necesitaba. Por tanto, iba peor preparada que a otros exámenes de asignaturas que me gustaban más.

Estar convencida de que yo era mala en mates hacía que tirara la toalla antes de tiempo a la hora de entender las explicaciones o de resolver los problemas.

Creer que yo era mala en matemáticas fue lo que hizo que nunca les pidiera mis padres ir a clases de refuerzo porque, total, tampoco lo iba a entender. Era mala y punto.

Mi creencia movía los hilos de mis pensamientos a su antojo, los cuales a su vez provocaban unas emociones y sensaciones nada útiles para lograr mi objetivo final.

Lo que me hacía suspender no era que yo fuera mala en mates, sino que me preparaba peor los exámenes y atendía de distinta forma a como lo hacía en clase de historia, por ejemplo. Desistía enseguida cuando no sabía cómo resolver un problema y practicaba lo menos posible.

Ésas fueron eran las verdaderas razones de mis suspensos y no el que yo fuera mala en mates.

 

Mi relación con las matemáticas hoy

A día de hoy, y después de no haber abierto un libro de mates por años, creo que mi habilidad a la hora de despejar una derivada sería la misma que por entonces.

Soy consciente de que mi padre sigue siendo mucho más rápido que yo a la hora de hacer multiplicaciones de cabeza.

Claro que prefiero las letras a los números una y mil veces.

Pero desde luego una cosa está clara: mi punto de partida a día de hoy es muuuuuuuy distinto al de cuando era estudiante y empezaba ya con «el soy mala en mates».

Gracias a la PNL me he podido liberar de la bola de prisionero que sentía que cargaba y de la pesada losa en los hombros.

Ya no me siento inútil y tonta.

De hecho, te cuento que uno de mis objetivos a medio plazo será rescatar los libros de mates y salvar viejas rencillas. Al fin y al cabo, nunca es tarde para estudiar de nuevo.

Me lo debo a mí misma.

Resumen

En este post, nada fácil de escribir por cierto dado lo personal que es, te he contado el efecto tan devastador que tuvo en mí la creencia de que era mala en matemáticas.

Créeme, fue un lastre con el que tuve que cargar hasta hace relativamente poco.

El día en que mi profesor de PNL me pregunto que qué me había hecho ser mala en matemáticas, sentí una liberación que a día de hoy me sigue poniendo los pelos de punta cuando lo recuerdo.

Y ese para mí es precisamente uno de los grandes éxitos de la PNL a la hora de trabajar las creencias y las emociones de las personas. Porque te ayuda a pensar, a cuestionar lo que tú en tu mente consideras como una verdad absoluta e inamovible.

Porque muchas veces el problema no es el problema en sí (el resultado que estás teniendo), sino la base desde la que partes.

En mi caso daba igual que aprobase de vez en cuando (de hecho, nunca repetí curso y siempre conseguí aprobar los exámenes finales). Seguía pensando que era mala en matemáticas. Lo sabían mis profesores, mis padres, mis amigos. Lo sabía yo.

Lo sabía todo el mundo que me repetía que era pésima en mates.

Y esa creencia condicionaba mis resultados.

Tengo un montón de cosas que contarte sobre las creencias.

De hecho, pensaba explicarte alguna cosilla más y ofrecerte algunas claves prácticas como siempre suelo hacer.

Pero creo que el haberte contado mi experiencia personal y cómo viví la liberación de esa pesada carga te puede ayudar mucho mejor a entender hasta qué punto las creencias importan y condicionan tus resultados, y la forma en la que los interpretas.

Porque como dice Richard Bandler, el co-creador de la PNL: ‘La mayor limitación personal no está en las cosas que quieres hacer y no puedes, sino en las cosas que nunca has considerado hacer’.

Éste ha sido el primer post sobre creencias pero por supuesto no será el último. Espero que te haya servido para empezar a conocerte mejor.

Por el momento y como siempre, te dejo con una pregunta:

¿Qué creencia es la que más te ha perjudicado en tu vida o te sigue perjudicando en la actualidad?

 

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6 comentarios en “Cómo la PNL me ayudó a terminar con la creencia de que era mala en matemáticas

  • Hola Patricia. Llevo ya un tiempo entregada a la tarea de detectar creencias y cuestionarlas. Me cuesta porque se me escapan, las tengo tan asumidas que forman parte de mi. Pero me siento feliz por tener ahora esta herramienta.
    Me identifico con lo que cuentas y estoy en la lucha por superar esas barreras que me han impedido hacer tantas cosas… porque a pesar de haber tenido grandes logros en mi vida, el sentimiento de inferioridad me ha perseguido siempre.
    Este comentario es también para felicitarte por tu trabajo y animarte porque veo que tienes mucho que dar a los demás.
    Un abrazo muy fuerte

    • Hola Ana. Antes de nada, mil gracias por tu comentario y por mostrarte por dentro. Las creencias siempre las tenemos súper asumidas. Tú y todos. Y precisamente, ese es problema, o mejor, dicho, ahí es donde está el verdadero arte de conocerse y de mejorar uno mismo, porque la mayoría de las veces no somos conscientes de las creencias que tenemos. Sigue perseverando en tu camino para detectar tus creencias. Decirte también que éste ha sido el primero de otros posts que vendrán sobre este tema, así que no pierdas el hilo 😉 Gracias por decirte que te gusta mi trabajo, de verdad que pongo toda mi ilusión y empeño en ayudar a los demás y en aportar un mensaje constructivo. Un abrazo muy grande!

  • Seria genial ,que en las escuelas de magisterio, incluyese una nueva asignatura, “la motivación ” así los profes sabrían motivar a los niños para creer mas en ellos,y las aulas tendrían más sonrisas jjj, un besote

    • Hhaha, me hace gracia tu comentario Eva, porque justamente ayer un vecino me preguntaba que a qué me dedicaba, y yo por decirle algo escueto pero fácil de entender le dije que a motivación. Y me dijo que a él ese tema no le llamaba mucho la atención… para que veas… creo que la clave es saber motivarse a uno mismo, para después irradiar ese estado en los demás. Desgraciadamente no mucha gente lo ve así. Espero ayudar en esa tarea. Un besote grande y me encantan tus comentarios. Muaks!!

  • Hola Patricia: muchas gracias por el post, lo cierto es que son creencias tan arraigadas que, como bien has explicado, son incuestionables! Me pongo en marcha a trabajar sobre ellas! Que importante es saberse preguntar.. gracias por ayudarnos en esa tarea!

    • Hola Noelia! es importantísimo sabernos preguntar. De hecho, te propongo un ejercicio y es que durante estos días pongas atención a los comentarios de la gente. Ya verás que el 99% de ellos cuando les preguntan que cómo saben algo no te son capaz de responder claramente. Por qué? pues porque lo creen así y punto. Ánimo con esa tarea de descubrirte a ti misma. Un besito!

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