¿Hay que sacrificarse para conseguir lo que uno quiere?

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Hace unos meses tuve una especie de crisis de identidad.

Fue hacia octubre o noviembre del año pasado, y fueron semanas un tanto de bajón. Lo peor de todo era que no sabía muy bien el motivo de esa desazón.

Es verdad que coincidió con unas semanas en las que estuve trabajando en un restaurante, a fin de generar unos ingresos extras, (experiencia que resultó ser peor que un dolor de muelas desde el principio…).

Pero más allá de eso, no tenía motivos para sentirme así de plof.

En noviembre, cuando Aprendízate empezó a tener un crecimiento mayor gracias a cientos de horas invertidas mejorando la web y creando el curso Aprende a motivarte paso a paso, pasó algo que me dejó a cuadros.

Para mi sorpresa, en vez de estar súper emocionada e ilusionada por recoger los frutos del trabajo de tanto tiempo, estaba totalmente indiferente.

Era como si algo dentro de mí no quisiera mirar o no estuviera interesada en saber cuáles eran los frutos que iba a haber.

Recuerdo que uno de esos días, y como si de un rayo se tratase, un pensamiento se cruzó en mi mente: «No quiero saber el resultado… si total… NO VA A FUNCIONAR…».

Te juro que no exagero. En ese microsegundo comprendí que había encontrado el origen de mi malestar: una creencia puñetera que me estaba haciendo polvo.

En ese momento no sabía qué creencia era…

Pero eso no importaba.

Sabía que ahí había algo tirando de mí en la dirección opuesta hacia la que yo quería ir: mi éxito profesional y el disfrute del mismo.

Cómo empecé a hacer mi creencia inconsciente, consciente

Un día más tarde acudí a ver a una amiga que hace PNL y Bioneuroemoción, y empezamos a escarbar en mi secuencia de pensamientos y creencias.

Y ahí estaba la jodía. Bueno, en realidad ‘salieron’ muchas creencias relacionadas con el tema del dinero y de merecer las cosas. Algunas de ellas fueron haciéndose visibles a lo largo de los siguientes días, como si fueran fichas que se me iban cayendo.

En este post te quiero hablar de una creencia en concreto que pude desenmascarar, o dicho en otras palabras, que pude hacer consciente, y que después me he ido dando cuenta de lo extendida que está a nivel social.

La creencia de que en la vida todo cuesta trabajo.

La creencia de que hay que sacrificarse y sufrir para conseguir lo que uno quiere.

 

¿Hay que sacrificarse por conseguir lo que uno quiere?

Me estoy refiriendo al hecho de pensar que cuanto peor lo pasemos y mayor sea el sacrificio, más dignos seremos de la victoria, como si alguien nos fuera a poner una medalla de oro por ser el sufridor número uno del año.

Te puede sonar exagerado. A mí también me sonaba totalmente ajeno a mí.

«¿Yo? ¿Cómo voy a tener esa creencia? Yo, que me he trabajado durante tantos años mis creencias».

«Yo, que hago PNL… Yo, que creo que cuando las cosas se dan bien parece que todo fluye».

Pues sí.

Yo misma.

Y para qué negártelo. Para qué hablarte de «Tengo una amiga que cree que hay que esforzarse mucho para conseguir y merecer las cosas…».

Ya sabes que no me va ese rollo. Ni soy súper woman ni me las doy de nada.

Cierto es que me sé motivar muy bien, y se me da genial enseñar a motivar a los demás. Sé cómo funciona la motivación y cómo mejorar esa habilidad, si no, no estaría aquí obviamente, hehe.

Ahora de ahí a dármelas de que en mi mente mis creencias son todas maravillosas y constructivas siempre, pues no.

 

Una china en el zapato

Para mí esa creencia era como la típica chinita que se te mete en el zapato y que aunque te molesta, no te das cuenta de que la tienes hasta que te descalzas y sale la puñetera. «Ahhhh, era esto… ya decía que algo me molestaba al andar…».

Pues eso es lo que sentí cuando al cabo de los días tomé conciencia de que todo encajaba y se ajustaba a esa creencia.

Esa creencia explicaba la paliza sin tregua que me metí en el 2016. Porque sí, es verdad que emprender requiere muchísima dedicación. Pero hay formas y formas de hacer las cosas y yo me di una verdadera paliza a currar. 

Esa creencia hizo que redujera mi vida social y que dejara mi hobbie favorito aparcado: ir a bailar. Claro, como yo pensaba (aunque no de forma consciente) que tenía que sacrificarme para conseguir las cosas, pues eso hice.

Sacrificarme.

Esforzarme sin ni siquiera permitirme descansar lo suficiente.

Llenar todas mis horas con trabajo, trabajo y más trabajo.

Dejar de ir a Madrid para pasar el día o ver a mis amigos.

En mi inconsciente pensaba que lo digno era conseguir que las cosas me fueran bien con Aprendízate a base de esfuerzo, para así poder decir el día de mañana: «Ves, tenía razón, el que algo quiere algo le cuesta», o para sentirme más merecedora de la cosecha.

Pero qué pava fui…

Porque, ¿es acaso verdad que la única manera de conseguir un logro es sacrificando todo lo demás?

¿Es cierto que si no sufres eres menos digno de tu logro o no tan merecedor del mismo?

Ya te lo digo yo: PARA NADA.

 

En la vida hay muchas formas de lograr las cosas

Porque en la vida hay muchas maneras de conseguir las cosas.

Alguien por ejemplo puede haber conseguido su sueño de ser su propio jefe y montar un negocio de éxito a base de muchas horas, sí, pero habiendo disfrutado de todas ellas.

De hecho, suelo escuchar podcasts de emprendedores y muchos de ellos hablan de esos años del principio con mucho cariño, o dicen cosas como que cuando uno ama lo que hace no lo consideran como estar trabajando.

Lo que quiero decir es que en todos esos casos la cantidad de horas invertida han sido las mismas, pero la percepción de esas horas, y por tanto el efecto en las emociones y sensaciones, son bien distintos.

La gente que se divierte haciendo lo que hace te dirá que hace muchísimas horas, sí, pero que para ellos eso no es esfuerzo porque lo hacen con pasión.

De hecho, yo misma siento esa sensación de no cansarme por más horas que pasen cuando estoy dando mis cursos y formaciones sobre motivación, o una sesión personal.

Ya pueden pasar horas y horas y yo sigo tan pichi, feliz de hacer eso y de dar lo mejor de mí en lo que mejor sé hacer.

Pero como te digo, eso no implica que esa creencia que estaba ahí, en las bambalinas de mi mente, haya hecho acto de presencia cuando se ha tratado de recoger los frutos de mi inversión en horas en el blog.

 

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Creencias a veces traicioneras

Nadie está exento de creencias traicioneras. Como verás, no he utilizado la palabra ‘limitantes’.

En primer lugar, porque en PNL se parte de la base de que todas las creencias tienen su razón de ser, están ahí por algo. Lo mismo limitan para una cosa pero son útiles para otras, y eso es algo que muchas veces se pasa por alto.

Y en segundo lugar, para mí esa creencia -ya- no es limitante porque gracias a hacerla consciente, he aprendido más sobre mí.

Otra cosa hubiera sido empezar a darme cuenta de que la razón de mi desazón era un tema de creencias y no haber hecho nada para llegar al fondo de esa emoción. En ese caso, ahora mismo seguiría igual, con esa china en mi zapato, andando incómoda pero sin plantearme por qué.

Pero como en vez de quejarme y resignarme empecé a observar con lupa lo que me pasaba por dentro y a escucharme, pude tomar conciencia de mi creencia traicionera. Y no solo eso, sino que como te digo he aprendido gracias a ella.

Por eso siempre te digo que mi recomendación es que no huyas de lo que te da miedo o de lo que te limita, sino que lo enfrentes. Utilízalo a tu favor y aprende de ello. Solo así te irás convirtiendo en una mejor versión de ti mismo.

 

Conclusión

Después de haberte contado algo tan personal, espero que comprendas mejor la postura desde la cual te hablo sobre las creencias.

Me he formado en PNL y en Inteligencia Emocional, y por eso en Aprendízate te puedo hablar del papel que desempeñan las creencias en tu motivación, de cómo descubrirlas, de cómo cambiarlas. Esa sería la parte más ‘teórica’, por así llamarla.

Ahora bien enseñarte a que seas más consciente de tu forma de pensar y de la peli que te montas, sin tener en cuenta esa parte inconsciente y a veces invisible, sería cuanto menos poco creíble.

Por eso siempre te hablo de lo importante que es que te conozcas a ti mismo, que te hagas mejores preguntas y que mires hacia adentro.

Por eso me parece absurdo decirte directamente que pases a la acción y saltarme de un plumazo el hecho de que necesitas poner tus creencias en la misma dirección que esa toma de acción.

Porque parece que todo lo relacionado con la motivación tenga que ver solo con frases chulas como ‘querer es poder’ o ‘si yo puedo, tú puedes’, sin tomar en consideración que la habilidad de motivarse implica algo más: conocer tus creencias, tus valores, la relación que haces entre ellos, tu interpretación de las cosas, la película que te montas en tu cabeza, etc.

En este post te he hablado de la creencia que descubrí hace unos meses de que en la vida todo lo digno o importante se logra con esfuerzo.

Por supuesto que las cosas no se consiguen solas. Por supuesto que hay que dar lo mejor de uno mismo. Pero en la medida en que uno haga lo que le gusta y sepa que su felicidad es ya bien merecida por el hecho de ser un ser humano es algo que no se nos puede olvidar.

Prepárate porque en los próximos meses tú y yo vamos a meterle caña a las creencias. Este solo ha sido el principio 😉

 

Ahora te toca a ti:

¿Tú también piensas (o pensabas) que hay que sacrificarse para conseguir lo que uno quiere?

 

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6 comentarios en “¿Hay que sacrificarse para conseguir lo que uno quiere?

  • Mil gracias por otro post estupendo
    Estoy de acuerdo en todo. A mi lo que me pasa es que cuando he conseguido algo, por mucho o poco que me haya costado, lo devalorizo. En ocasiones, incluso, he llegado a ¡¡sentirme mal por haberlo logrado!!
    Ya tengo ganas de meterle caña a las creencias
    Un abrazo

  • Hola Patricia!! Eso es muy cierto, en la sociedad está muy arraigada esa creencia de que “hay que SACRIFICARSE para lograr lo que uno quiere.” Es algo que siempre me han ‘enseñado’ y que siempre me dio un poco de miedo aunque creo que no debería ser así. Pero es como tu dices que a veces inconscientemente pues, nos creemos esa creencia de que es así. A mi me ha pasado que he intentado emprender algo que se supone que quiero y me concentro o esfuerzo tanto en querer lograrlo que al final ni lo disfruto y termino como cansada. Quiero poder hacer lo siempre he soñado y disfrutarlo sin tener que sacrificar todo para lograrlo. Estoy preparada y decidida a meterle caña a todas esas creencias. Saludos!! 😉

  • Hola Patricia! Genial post como siempre.

    Creencias. Tela con el tema…

    Nuestras mayores virtudes son el resultado de nuestros peores defectos. Curioso.
    “Yo soy una persona que digo las cosas a la cara” escuchamos a veces, y esa creencia, ese escudo, se forja para ocultar vulnerabilidades o ésta otra frase: “soy una persona muy empatica” Quizá ese hiper desarrollo en detectar las emociones ajenas viene determinado por haber tenido que averiguar en milésimas de segundo si un familiar de carácter complicado (dejémoslo así) al volver nosotros a casa del cole, estaba o no enfadado.

    Determinar esas creencias, esos patrones mentales o estrategias cognitivas es fundamental para quitarnos peso de la mochila y afrontar cualquier desafío con las máximas garantías.

    “Nosce te ipsum” (Conócete a tí mismo) que decía Sócrates.

    Un fuerte abrazo Patricia!!

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