El peligro de no tomarte tus metas en serio

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En el post anterior te hablaba de los propósitos de año nuevo y de cómo en muchos casos a mí todo este tema me empezaba a sonar ya a pitorreo.

Pitorreo porque no importa que estemos en el 2017 o en el siglo 40, los propósitos de cada enero siguen siendo los mismos de siempre.

¿Cómo es posible que vayan pasando los años y muchas personas sigan proponiéndose las mismas metas que hace 3 años?

¡Con la cantidad de cosas chulas que uno se puede proponer en la vida! hehe.

A mí se me hace difícil pensar que haya gente que siga reviviendo cada enero los mismos ‘quieros’ y ‘deseos’. De hecho, en ese post te decía que a mí me recordaba a la peli de El día de la marmota.

Sinceramente, no quiero que sigas reviviendo cada enero el mismo escenario.

No me gustaría que entraras en ese bucle de «quiero esto pero no sé cómo» – me quejo – no hago nada por cambiar mis resultados – «siempre acabo igual… el próximo año lo intento de nuevo (y de la misma forma)».

Créeme, si piensas así y haces eso, estás en un bucle.

No soy alarmista, ni te voy a decir que es muy difícil salir de él y que «buena suerte» intentándolo. Para nada.

Mi objetivo escribiendo este post es otro.

Porque quiero que entiendas qué efectos tiene en ti el no tomarte tus metas en serio.

Y cuando hablo de metas no me refiero a que empieces a coleccionar objetivos y logros sin ton ni son, o a que tengas que planificar mil cosas para este año y cumplirlas todas.

Qué va.

Me refiero a los efectos que tiene en ti en no tomar en serio tus posibilidades, tus opciones a la hora de ampliar tus alternativas. El no contemplar de qué otras formas más efectivas a las que has venido probando podrías dirigirte a tus objetivos.

Quiero que entiendas que caer en ese bucle del que antes te hablaba tiene unos efectos en ti, en tus capacidades y en la imagen con la que te ves a ti mismo.

Porque en la medida que lo entiendas, te será mucho más fácil entender todo lo que te estás perdiendo si sigues en esa espiral.

Vamos allá.

 

Los efectos de no tomarte tus metas en serio

1# Baja tu nivel de confianza

Tal y como te explicaba en el post anterior, si te propones una cosa y no la cumples o ni siquiera haces nada por cumplirla, ¿qué crees que pasa con tu nivel de confianza?

Exacto, que disminuye.

Y la confianza, lo es todo.

Porque la confianza es lo que te permite tomar mejores decisiones. Es lo que te permite predecir y hacer un cálculo con seguridad, cosa que como sabes, a tu cerebro le encanta.

Pero si esa confianza se rompe o disminuye, esos cálculos sobre qué pasará en el futuro empiezan a no ser tan claros. Sencillamente, no te fías, al igual que tampoco te fiarías de nuevo de alguien que una vez te mintió o te prometió algo que no hizo.

 

2# Aumenta tu incertidumbre

Si baja tu confianza en ti y/o en tus capacidades, aumenta tu incertidumbre. Rota esa percepción de seguridad, empiezas a dudar más y a decir o a pensar cosas como: «Jolín, si esto no lo he conseguido, esto otro seguramente tampoco lo pueda conseguir» o «a lo mejor no lo consigo…».

Esas dudas y la incertidumbre hacen que la película que te montas en tu cabeza sobre ti consiguiendo tu meta, por ejemplo, empiece a hacerse más borrosa, o a alejarse más. Dices cosas como «no lo veo claro» o «no me veo haciendo esto o lo otro».

Piénsalo. Si le preguntas a alguien que tiene mucha confianza y seguridad en sí mismo, seguramente te podrá responder a la pregunta «y tú, ¿cómo te ves de aquí a 10 años?».

Probablemente te dirá cosas como «Pues yo me veo en tal sitio, o haciendo esto otro». Y esa imagen en su mente será clara y nítida, como si la estuviera viendo delante suya.

Ahora bien, hazle la misma pregunta a alguien con poca confianza en sí misma. ¿Qué crees que te responderá? ¿cuál será su reacción? Seguramente te diga cosas del tipo: «pues no sé dónde me veo dentro de un tiempo», «me cuesta imaginarlo», o directamente «no me veo» o «lo veo negro».

 

3# Crees que no tienes fuerza de voluntad

Si tienes mucha incertidumbre y dudas con respecto a tus capacidades y posibilidades, empezarás a acordarte de todas aquellas veces en las que te has propuesto algo y no lo has conseguido.

La explicación es muy fácil: te acuerdas de aquellos momentos o situaciones que corroboren tus creencias.

Si tu creencia es que no te ves capaz de…, comenzarás a repasar todas y cada una de las veces en las que no fuiste capaz. Y eso hará que empieces con el discurso de: «No tengo fuerza de voluntad», «mi problema es la perseverancia», «nunca lo conseguiré», «por más que me lo prongonga soy incapaz de…», etc.

 

4# No te pones en marcha

Aplica la lógica: si de verdad piensas que no tienes fuerza de voluntad (como resultado de todo lo que has pensado antes), ¿crees de verdad que te van a dar ganas de ponerte en marcha?

¿Para qué pasaría a la acción alguien que piensa que siempre acaba abandonando sus metas a la mitad, o que nunca logra lo que se propone?

A mí me da la risa cuando oigo a muchas personas y coaches decirle a alguien «ponte en marcha», sin tener en cuenta todo el proceso anterior. O sin entender que el no hacer nada es la consecuencia de ese bucle mental.

Pretender que alguien pase a la acción sin cambiar sus creencias o sin ayudarle a mejorar su nivel de confianza es como pretender que un león no te coma porque seas vegetariano.

Además, no ponerte en marcha es la mejor forma de corroborarte a ti mismo que no cumples tus metas o ni siquiera lo intentas porque no tienes fuerza de voluntad. Es la mejor forma de demostrarte que tienes razón y que para qué mover un dedo si ya sabes cómo va a acabar la cosa. Es la profecía autocumplida.

 

5# Baja tu confianza

Si no te pones en marcha, y por todo lo que ya te he explicado, baja tu confianza de nuevo. Es cuando empiezas a tomarte a pitorreo los propósitos de año nuevo y todo lo que venga que ver con el tema de lograr tus metas.

Y lo peor de todo, es que acabas por tomarte a pitorreo a ti mismo, a tus capacidades, a tus valores y a toda la cantidad de cosas maravillosas que podrías empezar a conseguir si cambiaras el chip.

 

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Conclusión

Con este post no he pretendido pintarte un panorama muy negro o sonar catastrofista. De hecho, no me van para nada esos rollos, ya sabes. Ni se va a acabar el mundo ni todo es una mierda.

Lo que he pretendido es hacerte comprender cómo funciona tu cerebro y cómo la confianza en ti y en tus habilidades juega un papel tan importante en tu predisposición a la hora de conseguir tus metas.

Si este artículo te ha hecho reflexionar y ahora te has quedado un poco de bajoncillo, no te preocupes. Señal de que te he hecho pensar, así que objetivo cumplido 🙂

En el próximo post te voy a contar cómo salir de ese bucle por tus propios medios y lo mejor de todo: cómo empezar a cambiar el chip desde ya.

Si te sigue preocupando el tener razón, por lo menos hazlo demostrándote y afirmándote a ti mismo que sí se puede en vez de pensar que no.

Merece la pena averiguarlo, ¿no crees?

 

Y ahora te toca a ti:

¿Qué te ha parecido el post?

 

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4 comentarios en “El peligro de no tomarte tus metas en serio

  • Hola patricia muy claro y para ponerte las pilas. Yo he escrito mis objetivos y ahora tengo que planificarlo en el tiempo para ir viendo progreso sino lo veo difícil. ..

  • Hola Patricia, ¿cómo has estado?
    Muchos de nosotros pasamos por ese tipo de bucle año tras año poniéndonos los mismos objetivos, pensando que solamente con escribirlos ya es suficiente. Lamentablemente no lo es, si fuera tan fácil creo que este mundo sería totalmente distinto.
    Como bien dices tú el secreto es salir de ese bucle, sin embargo cada uno tiene que encontrar el suyo. No existen las fórmulas envasadas.
    Saludos
    Carlos

    • Hola Carlos,
      estoy muy bien gracias, feliz año por cierto! hehe. Pues sí, no hay fórmulas envasadas. Cada uno de nosotros somos diferentes y por eso hay que mirar hacia adentro. Como decía Jung: ‘quien mira hacia afuera, sueña. Quien mira hacia adentro, despierta’. Un abrazo grande!

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