Cómo superar el perfeccionismo

Patricia Ibáñez

como-superar-el-perfeccionismo

¿Te suenan algunas de estas frases?

perfeccionismo

Si te identificas con ellas y tú también sientes que el perfeccionismo hace estragos en tus emociones y en tu día a día, entonces sigue leyendo.

Vaya por delante que creo que nadie mejor que tú para saber cómo te afecta el perfeccionismo. Así que no, no me voy a parar ni en las consecuencias de la perfeccionitis aguda ni en describir el efecto que tiene en tu autoestima o el grado de ansiedad que te produce. 

En vez de eso, prefiero que este artículo te sirva para, y por este orden, entenderte, cuestionarte y empezar a abrir opciones en tu forma de pensar para flexibilizar la vara con la que mides tus resultados, y te liberes un poco de esa carga.

¿Te parece?

Pues vamos al lío. 

Nada nunca es suficiente

Si te consideras una persona perfeccionista, seguramente la sensación de que nada nunca es suficiente, te resulte familiar.

‘Esto no es lo suficientemente bueno’, ‘o mis resultados no son suficientes’.

Pero antes de seguir avanzando, la pregunta que te hago en este punto es:

Lo suficiente ¿para qué?

Y concretamente: ¿qué parte es la que no es suficiente?

¿La del resultado que obtienes o la del que te gustaría obtener (expectativa)?

Para que lo veas más claro y que puedas identificar en qué parte de bloqueas, déjame ponerte el siguiente esquema. 

toma-de-decision

Para poder tomar cualquier decisión, tu cerebro antes necesita haber hecho una comparación teniendo en cuenta -mínimo- estas dos cosas: el resultado que obtienes (o el que crees que vas a obtener) y el resultado que te gustaría, es decir, tu objetivo.

Según la simulación que hagas en tu cabeza de lo que crees que pasará, tomarás una decisión u otra: hacer esa acción, tirar la toalla, quedarte en el sofá, dejarla para mañana, intentarlo, etc. 

Permíteme que me pare aquí un momento para explicarte los dos posibles escenarios que hay:

en no actuar

y el actuar sí, pero…

No actuar

Si crees que el resultado de esa acción no será lo suficientemente bueno, seguramente no te pondrás en marcha (porque no cumplirá con la expectativa o no compensará el esfuerzo con el resultado).

Esto está muy relacionado con la famosa parálisis por análisis. Es decir, analizo y le doy mil vueltas a todas las opciones pero de todos los escenarios que me imagino, como ninguno me convence (no iguala o supera la expectativa), no me pongo en marcha.

Actuar sí, pero...

Si pasas a la acción y te pones en marcha pero el resultado que consigues no te parece lo suficientemente bueno, seguirás en un bucle de mejora que parece no tener fin.

Es el típico ejemplo de: ‘Si, he hecho esto pero como todavía sigue sin estar perfecto, para mí no está acabado’.

Con lo cual la lista de tareas por terminar sigue creciendo porque siempre tienes la sensación de que hay algo que se puede mejorar o perfeccionar, y no llegas a darle carpetazo final.

Una vara de medir distorsionada

Ten en cuenta que la clave para superar el perfeccionismo no está tanto en la calidad del resultado final (aunque tú creas que sí), sino en la vara que estás usando para medir ese resultado.

Si en tu vara solo hay dos medidas: ‘fatal’ y ‘excelente’, y tú eres de hacer las cosas bien porque lo otro no va contigo, estarás comparando ese resultado no con lo que sería aceptable o suficiente, sino con la perfección.

O se hace perfecto o no se hace.

vara-de-medir-los-resultados

Por eso, no se trata de no esperar tanto o esperar menos, sino de ocuparte por cómo estás midiendo tus resultados y diseñar una vara de medir que contemple los grises, las escalas, y todos los números que van desde el 0 hasta el 10.

Así que para ganar flexibilidad mental y detectar y valorar esos grises, qué te parece si te doy 7 claves para que empieces a entrenar esta habilidad.

10 claves para empezar a superar el perfeccionismo

1. Aprende que es un proceso de reajuste

¿Te acuerdas de cómo empezaste a leer?

Cuando aprendiste a leer no entraste por la puerta del colegio sin saber y a la que te fuiste esa misma tarde ya dominabas El Quijote en castellano antiguo.

Para saber leer tuviste que empezar con las vocales, después las consonantes, luego el abecedario. Después vinieron las sílabas, ja – je – ji – jo – ju, pa – pe – pi – po – pu hasta que finalmente a base de juntar sílabas, empezaste a distinguir palabras sueltas, que a su vez formaban frases.

Y solo entonces empezabas a enterarte de algo.

Aprender es un proceso de reajuste continuo donde ser constante es fundamental. No es un Ferrari que se ponga a 100 en un segundo.

Necesita su tiempo y sobre todo, necesitas equivocarte para poder sacar de ahí una experiencia que te permita hacerlo mejor la próxima vez (recuerda la escala en tu vara de medir).

Tampoco se trata de que no haya fallos ni errores. Es más, gracias a que los hay es que puedes ajustar tu proceso, aprender, trascender y evolucionar.

2. Valora los logros que vas consiguiendo

Una de las razones de tu frustración se debe a no contemplar ni valorar los logros y avances que vas consiguiendo.

Fíjate que con cada paso que des, estarás mucho más cerca de tu objetivo de lo que estabas ayer. 

A lo mejor el resultado no ha sido el que tú querías pero por lo menos está dado, y por eso es un logro más que ayer no tenías.

Y esto mismo te permitirá…

3. Obtén información del exterior

Sal de tu cabeza y consigue información del exterior. Es lo que en PNL se llama ‘reality check’.

Es decir, en vez de montarte tus películas mentales y basarte solo en el resultado que te imaginas, compruébalo por ti mismo y ponlo en práctica.

Pasar a la acción con pequeños objetivos te ayudará además a ganar confianza y seguridad en ti mismo. Recuerda que la clave no es esperar a sentir confianza para ponerte en marcha, sino ponerte en marcha, para empezar a generar esa sensación.

4. ¿Perfecto para quién?

¿Te has planteado alguna vez que la perfección es algo súper subjetivo?

Lo que para otra persona es perfecto, para mí puede no serlo. Fíjate si no en el arte. Lo que a Miró le parecía perfecto, a mí no me gusta nada.

O fíjate si no en el ideal de belleza y en cómo ha ido cambiando a lo largo de la historia. Lo que en el siglo XIX se consideraba un ideal de perfección ahora no lo es. 

Ten en cuenta que tu punto de vista es único, como tú. Por tanto no hagas las cosas pensando que la otra persona lo verá igual o lo valorará igual que lo estás haciendo tú.

5. Lo que haces no es lo que eres

Los resultados que consigues son lo que haces, no lo que eres.

Si algo te ha salido como un churro no quiere decir que tú seas un churro de persona. Es como te ha salido, no quien eres.

La idea es que te valores por quien eres, y no por lo que haces. Y lo mismo con los demás. Lo importante es valorar al otro por el hecho de ser persona.

6. El perfeccionismo no es el enemigo público n°1

¿El perfeccionismo es tan tan bueno o tan tan malo?

Pues depende. No se trata de hacer un referéndum a favor o en contra, sino de valorar cómo de útil te resulta para un contexto y objetivo concreto.

Un tedax que está desarticulando una bomba se tiene que exigir la máxima perfección, al igual que un cirujano que esté operando a corazón abierto o un ingeniero de aviación.

Todo depende del grado de utilidad que tenga en función de ese contexto y objetivo concreto.

7. Date tiempo, se trata de una habilidad

Ir reduciendo tu grado de perfeccionismo es una habilidad, y como toda habilidad requiere tiempo. Sería absurdo querer vencer tu manía al perfeccionismo si luego te vuelves a exigir resultados inmediatos y a la primera de cambio, ¿no crees?

Valora los logros, los grises.

Tómate tiempo para diseñar en tu mente una reluciente vara de medir donde estén contempladas todas las escalas y te permita ir eliminando la ansiedad fruto de tu auto-exigencia. 

Las situaciones del día a día son un laboratorio perfecto para sacar a relucir y practicar tu nuevo sistema de medición. 

Ahora te toca a ti

Como has visto, el perfeccionismo al igual que muchas cosas en la vida no es ni bueno ni malo en sí mismo, sino que su utilidad depende del contexto y del objetivo que quieras conseguir.

¿Se te ocurren otras herramientas que no haya mencionado para gestionar mejor el perfeccionismo? Me encantará conocerlas y así poder mejorar y crecer entre todos. 

Patricia Ibáñez

Mi misión es ayudar a las personas a aumentar su motivación y la confianza en sí mismas para que aprendan a mejorar sus vidas, y se dirijan con más seguridad a sus metas personales. Qué, ¿te unes al grupo de los que han dejado de decir 'no puedo' para preguntarse 'cómo podrían'? Empieza por aquí

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Samya
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Samya

Siento que me acaban de describir. Querer que todo salga bien (aún sabiendo que no está mal si no sale “perfecto”) es uno de mis mayores frenos al momento de querer tomar acción. La pienso tanto que me quedo pensando y al final no hago mucho, a veces nada. Claro, y después viene toda la culpa por no haberlo hecho.

Hernan
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Alooooo, Muy buen artículo que toca fibras sensibles para los que somos perfeccionistas. Aunque yo al menos considero que acabo de salir del Centro de Rehabilitación del club de los perfeccionistas jejeje. Acotaría algo que me ha ayudado enormemente en mi proceso de transformación: 1.- Escribe la meta global 2.- Escribe las submetas que te llevarán a esa meta final 3.- Dale prioridad a aquellas tareas vitales y deja a un lado las que no tienen relevancia (punto álgido para un perfeccionista) 4.- Ponle una fecha y alternativamente para no ser tan duro y exigente (una segunda fecha tentativa pero… Read more »

Betty Gutierrez
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Betty Gutierrez

Como siempre, cada tema que tocas, me cae al dedillo, abre mi mente, aprendo y de paso me tranquilizo. Se me ocurre que muchas veces queremos ser “perfeccionistas” poque aún sin darnos cuenta queremos que alguien o los demás nos aprueben. Será resultado de algunas creencias limitantes?

Graciela Rigoni
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Graciela Rigoni

Excelente información, es verdad por querer que todo este perfecto , hace que las cosas no salgan como uno quiere y termina renunciando, gracias

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Patricia Ibáñez

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